Iker Casillas: “Allá donde vaya seguiré gritando ¡Hala Madrid!”

publicado a la‎(s)‎ 12 jul. 2015 8:32 por Eliana Caterine Alvarado   [ actualizado el 12 jul. 2015 8:32 ]

Despedida de Iker Casillas / REUTERS LIVE / LUIS SEVILLANO

El capitán blanco cierra 25 años de carrera en el club con la lectura emocionada de un comunicado de despedida.

Los porteros están solos. Iker Casillas no hizo nada por disimular su aislamiento en el que probablemente haya sido el día más difícil de su vida. No lo acompañó ni el apuntador cuando se abrió la puerta de la sala de conferencias del Bernabéu, mal iluminada, y apareció este hombre triste enfundado en una camisa azul oscura, casi de luto. Los cronistas sociales aseguran que había pasado el verano en las playas de los Mares del Sur pero por el color cetrino de su piel se habría dicho que transurrió el periplo encerrado en la bodega de un barco mercante. Se sentó frente a la audiencia mayormente compuesta de becarios y empleados auxiliares y cuando lo rodeó una nube de fotógrafos sedientos de la imagen definitiva del ídolo caído, los previno de que estaban perdiendo el tiempo:

-¿Pero para qué me fotografiáis ahora si luego me tendréis con las lágrimas?

La que probablemente sea la figura más sobresaliente de la historia del fútbol español cogió el micrófono, clavó la mirada en el papel que traía en la mano, y siguió hablando con ese aire genuinamente descuidado, jocoso, como de paisano que se quita importancia. “Leer esto son 30 segundos pero creo que tardaré una hora”, dijo. Quizás bromeaba. Pero estaba serio como una tapia. “A ver…”, se animó. Reunió fuerzas, resopló, bebió agua, volvió a resoplar, volvió a beber y siguió sin levantar la mirada del folio, como si contemplase el abismo. “Es que me he comprometido a leer esto…”.

“En primer lugar muy buenos días a todos”, dijo. “Gracias por estar aquí y acompañarme en un momento tan especial. Hoy he venido a este estadio, a este gran estadio… a despedirme de todos vosotros y en especial del madridismo…”. Debió ser en ese punto. Cuando sus ojos repasaron la palabra sagrada, “madridismo”, cuando rompió a llorar. Entonces resonó el repique de las cámaras otra vez. Casillas parecía desconsolado. Pero siguió leyendo.

“Como sabéis”, se recompuso, “ayer dejé de pertenecer al Real Madrid y pasé a formar parte del Porto. Quiero deciros que la decisión de irme al Porto obedece a dos motivos fundamentales. 

Primero, la ilusión que me han transmitido el presidente [Pinto da Costa], el entrenador [Julen Lopetegui], con quien nos conocemos desde hace tiempo, y sobre todo el resto del equipo. Y segundo por las muestras de cariño que he ido recibiendo desde que la gente ha sabido que mi destino era Portugal. Me han ganado y he estado muy feliz y muy contento. Haré todo lo posible por no defraudarles y conseguir el mayor número de títulos posibles en mi nuevo equipo. Por tanto, muchas gracias al Porto por haber confiado en mí”.

“Y ahora”, continuó, “me quiero dirigir a todos los madridistas. Después de 25 años defendiendo el escudo del equipo más grande del mundo llega un día difícil en mi vida deportiva. Decirle adiós a esta institución que me lo ha dado todo. Parece que fue ayer cuando con nueve años vestí por primera vez la camiseta del Real Madrid y vi cumplido mi sueño. Durante todo este tiempo hemos sufrido, hemos llorado, hemos disfrutado juntos. Me he sentido acompañado y muy querido tanto en los buenos como en los malos momentos... Este club no solo me ha formado como deportista, me ha enseñado a ser persona. Me ha ayudado a crecer inculcándome los valores que defiende su escudo, el respeto, el compañerismo, el compromiso y sobre todo la humildad. He tratado siempre de reflejarlos allá donde he ido representando al Madrid”.

Casillas hizo un repaso agradecido a “todos” sus entrenadores, sus compañeros, y los empleados del club “que no se ven”. Mencionó desde el “benjamín fútbol siete” en adelante. Y finalizó haciendo referencia al ideal platónico “madridismo”.

“Estas últimas líneas”, avisó, “os la dedico especialmente a todos vosotros, al madridismo que no conoce fronteras. Gracias por vuestro apoyo incondicional desde que llegué con 18 años. Por permitirme levantar cada copa, cada triunfo. Por ser vuestro capitán durante cinco años, por acompañarme en los buenos y en los malos momentos, por tender la mano y tirar de ella para levantarme. Más que recordarme por un buen o un mal portero, solo espero que la gente se acuerde de mí por ser buena persona. Gracias, gracias, miles de gracias. Nunca podré olvidar. Allá donde vaya seguiré gritando ‘¡hala Madrid!’”.

No habló de las tres Champions, ni de las cinco Ligas, ni de las dos Copas del Rey, ni de todos esos trofeos que adornan un currículo excepcional. No hizo, como otros, mención de su estadística descomunal de más de 334 partidos ganados en el campeonato, un récord absoluto. No emitió una palabra de reproche. Ni un mal recuerdo. Ni una insinuación a los hinchas que al verle declinar, en sus peores horas, le pitaron repudiándolo en un fenómeno sin precedentes. Ignorancia plena a ese grupito irreductible que le señaló incluso el último día que pisó la hierba del campo de Chamartín, contra el Getafe en Liga, más fieles a los telepredicadores que a los héroes del fútbol.

“C’est fini”, dijo. Se levantó y se fue. Solo. Como vino. Como un valiente.

DIEGO TORRES 
Madrid 12 JUL 2015 - 14:10 CES