Héroes anónimos

publicado a la‎(s)‎ 27 oct. 2014 7:39 por Eliana Caterine Alvarado   [ actualizado el 27 oct. 2014 7:42 ]



Pablo Mazuera (der.), en compañía de uno de sus pupilos, Egan Bernal.


“No teníamos opción, era transportarnos o comer, por eso me montaba con Egan en la misma bicicleta y para adelante. Así llegamos y logramos en Noruega la medalla de plata en un Campeonato Mundial de Ciclismo de Montaña, el título más importante de este deporte para Latinoamérica en toda su historia”. Oír eso en un país en el que, a pesar del gran talento deportivo que hay, no se ve el apoyo suficiente no es raro, pero debería volverse más común conocer historias como la de Pablo Mazuera, un bogotano de 33 años a quien no le importa endeudarse y trabajar las 24 horas de los siete días de la semana para conseguir todo lo que necesitan sus cinco pupilos, jóvenes con mucho talento pero con pocos recursos, reconocidos en muchas partes del mundo como algunos de los mejores en el ciclismo de montaña.
El cundinamarqués Egan Bernal consiguió que el himno de Colombia sonara en Noruega cuando logró el segundo lugar en la categoría júnior del reciente Mundial de Ciclomontañismo. Brandon Rivera es el actual campeón de ciclismo en los Juegos Olímpicos de la Juventud. Los hermanos Xiomara y Juan Guerrero y Wilson Peña, ganadores de importantes carreras en el país, completan el grupo de los niños de Pablo, el ángel de la guarda de estos jóvenes y sus familias. “Los procesos deportivos traen cosas muy positivas para los deportistas, para sus hogares, para Colombia. Esta es la mejor manera de hacer país. Es mi satisfacción más grande”, afirma Mazuera.
Desde que Pablo era muy niño se dio cuenta de que lo que más le gustaba era ayudar, dar comida a las personas que lo necesitaban o apoyar de cualquier forma a fundaciones sin importar cuál fuera su razón social.
En 2008 se aficionó al downhill, una de las modalidades del ciclismo de montaña, y cuando creó un primer equipo, y mientras viajaba compitiendo y conociendo pistas, se involucró y se apasionó más por este deporte. Pocos meses después, y a pesar de la desconfianza de su familia y sus amigos cercanos por creer que sólo era un sueño difícil de cumplir, Pablo, ingeniero de sonido de profesión, dejó su empresa familiar (Mezuena Producciones) y creo la fundación que lleva el mismo nombre.
“Todo fue muy rápido. Me puse a montar, conocí a los pelados, vi una gran oportunidad para ayudar y todo siguió rodando. Las cosas no han sido fáciles, pero todo vale la pena. Después de mucho trabajo empezaron a salir importantes patrocinadores y en enero de 2013 tuve la necesidad de institucionalizar el cuento por temas de impuestos, para mostrar una organización que sea la que administre la plata y para tener una cara que mostrarles a nuevas empresas”, cuenta, convencido del importante trabajo que está haciendo. “El proceso no sólo es deportivo. Yo me involucro con todos los que pasan por la fundación. Todos son niños muy humildes con historias familiares muy diferentes, pero siempre logramos unirnos. Son como mis hijos. Me quedo en sus casas, hacemos almuerzos, estamos juntos todo el tiempo”, comenta.
Los resultados poco a poco llegan, algunos más inesperados que otros, pero todos con la misma satisfacción de conseguir un reconocimiento luego del gran esfuerzo que hacen entrenando y buscando los recursos para participar en cada campeonato. El Team Specialized - Tugó es cada día más reconocido. “Intuición, recomendaciones de entrenadores, análisis de su entorno, su personalidad, todo influye. Además de que deportivamente tengan condiciones, deben ser juiciosos, responsables o no sé, algo por dentro me asegura que es con cada uno de ellos que tengo que trabajar”, confiesa Pablo. Y los niños, haciendo su mejor trabajo, recompensan todo el esfuerzo.
El subcampeonato mundial de Egan fue uno de esos momentos mágicos y llenos de satisfacción, pues aunque no ha terminado de pagar el viaje, sabe que, además de ser uno de los logros más importantes del ciclomontañismo colombiano, le permitió ver la admiración que muchos corredores y entrenadores de todas partes sienten por su fundación.
“Semanas antes del Mundial estuve en muchos dilemas. Este año Egan había conseguido logros importantes y en último ranquin aparecía 12. Yo sabía que sería muy bobo si no lo llevaba”, cuenta el director de la Fundación Mezuena. “Pablo me dijo que tenía toda la ilusión de que fuera; no teníamos cómo, pero no podíamos desaprovechar esa oportunidad. Me dijo que yo entrenara fuerte, que él conseguía la plata como fuera. Visitó empresas, abrió una cuenta para que la gente donara, pero eso no funcionaba muy bien. Finalmente, el Comité Olímpico Colombiano dijo que me daba el tiquete y la Liga de Cundinamarca me daba alimentación y hospedaje”, dice Egan.
“Ya el viaje estaba armado. Yo aproveché mi experiencia como buscador de hostales y tiquetes económicos y nos fuimos para Europa. Todavía estoy pagando mi viaje, pero todo valió la pena. Nos ha tocado muy duro, pero eso nos hace más fuertes. Cuando se acabó la carrera no podíamos creerlo, todo fue muy rápido, sólo nos mirábamos. Éramos los mismos, pero con una importante medalla. Nos reíamos, se nos aguaron lo ojos, estábamos muy felices”, asegura Pablo. “Ver a todos los países con todo organizado, hidratación, carpas, y nosotros con nada, me hizo sentir chiquitico, pero a la hora de correr saqué todo, lo planeamos muy bien. Pablo corría por toda la pista: fue mi mecánico, masajista, psicólogo, traductor, todo en uno…”, agrega Egan.
Como Pablo afirma, nada ha cambiado: pocos se enteraron del logro de Egan, el apoyo aún falta, no hay procesos, sólo talento, mucho talento, y los más grandes sueños. También quedan unas palabras que la UCI escribió. “Ese pudo ser el mejor regalo. En la rueda de prensa nos dijeron cosas muy lindas, hubo mucho público, muchos estaban valorando todo el trabajo. Resaltaron el nivel del ciclismo colombiano y hasta compararon a Egan con Nairo Quintana; decían que eran humildes, tranquilos, sencillos y muy buenos. Qué gran satisfacción”, cuenta Pablo.
Este año nació el segundo proyecto de la fundación: la Copa Infantil Mezuena, que tuvo su final el fin de semana en Gachancipá, Cundinamarca, dirigida a niños entre los 3 y los 16 años, con quienes Pablo quiere continuar el proceso. “Nos ha ido muy bien, ha sido un éxito. Importantes empresas quieren vincularse. Debo reconocer que la fundación no se hubiera logrado sin el apoyo de Tugó; ellos han sido muy generosos. También con Specialized, Marca País. Asimismo, con personas como Marcela Barajas o John Sergio Avellaneda y Vicente Molina”, dice Mazuera.
El sueño más grande de Pablo es tener un gran escuela con pista y entrenador propio. “Hay que formar a los pelados, que no tengan que irse tan jóvenes; hay mucho talento para exportar, pero todo en su debido momento. Que se formen acá y luego se los mostremos al mundo. Yo estoy convencido de que con el deporte se puede cambiar el país, se pueden transformar historias. Al principio mis amigos y mi familia pensaron que sólo era un hobby, pero esto se volvió mi vida. Ahora no pueden estar más orgullosos, saben que no gano económicamente, pero están convencidos de que soy muy feliz, eso es más importante”, concluye Pablo Mazuera, uno de los héroes anónimos de Colombia.
mariaccar1@hgmail.com
@Malecc1

CICLISMO 27 OCT 2014
8:00 AM
Por: María Alejandra Castaño
Pablo Mazuera y la Fundación Mezuena