GRACIAS MI SELECCIÓN: COLOMBIA CON LA BANDERA TATUADA

publicado a la‎(s)‎ 9 jul. 2014 6:32 por Eliana Caterine Alvarado   [ actualizado el 9 jul. 2014 6:35 ]




FOTO:Tomada de El Espectador

Desde ese viernes 11 de octubre de 2013 cuando el cuadro de Pékerman, en una remontada contra los chilenos,  daba fin a la paciente espera de 16 años y empezaba a contar una nueva historia al pueblo colombiano, la mancha amarilla comenzó a teñir los rincones del estadio y la bandera tricolor se ondeó a lo largo y ancho de la nación. Ese día el orgullo de una raza pujante se vistió con los colores de la esperanza para viajar con ilusión al país de la samba.   
El aroma de patria fue creciendo entre los aficionados a medida que el onceno avanzaba; primero en su debut (14 de junio) en Belo Horizonte cuando conquistó a los helenos; después en Brasilia, el sueño de pasar a la siguiente ronda se vislumbraba con más claridad con la derrota a Costa de Marfil (19 de junio); luego confirmó su estatus frente a los nipones en Cuiabá (24 de junio); la fiebre amarilla estalló en el Maracaná con su triunfo frente a la garra charrúa (28 de junio) y la bandera ondeó con mayor fuerza frente al pentacampeón en Fortaleza (4 de julio) cuando el equipo demostró de qué está hecho y luchó hasta el último aliento contra toda una estructura destinada para no perder.   
Con su temple y juego limpio, los gladiadores regresaron a Colombia con la copa del honor, con el trofeo al espíritu de la voluntad y con el lema que reza “Sí se puede”: Sí se puede soñar juntos con la bandera en la sangre para construir nuevas historias de progreso y bienestar. Sí se puede vivir con el vecino y creer que ambos anotan en el mismo arco, el arco de la hermandad. Sí se puede imprimir el sentimiento nacional en cada acto cotidiano de bondad hacia el coequipero de camino.    
Colombiano, cada mañana que se acicale, recuerde tatuarse la bandera del amor patrio para jugar un picadito del lado de la voluntad por colaborar con los pequeños detalles de humanidad hacia el otro, como homenaje a aquellos momentos fascinantes de gloria, cuando los abrazos se multiplicaron y el país comprendió que Sí es posible unirse y alcanzar al mismo compás, altos ideales.
   
Por: Ps. Ángela María Camargo Martínez
Bogotá, 8 de julio de 2014