En los camerinos de ESPN, la 'meca' del deporte

publicado a la‎(s)‎ 19 sept. 2014 10:35 por Eliana Caterine Alvarado   [ actualizado el 19 sept. 2014 10:38 ]


Foto: Julio César Guzmán/ EL TIEMPO
Un ícono de la sede de ESPN: la distancia desde Bristol hasta la sede de los cuatro Grand

Luego de recorrer los 200 kilómetros que separan a Nueva York de la sede mundial de ESPN, se reconoce a lo lejos que estamos ante la cadena deportiva más grande del mundo por las 27 antenas satelitales ubicadas a unos 200 metros de la puerta de acceso. Es un conjunto de discos blancos y enormes, como la legendaria antena de Chocontá (Cundinamarca), que por años conectó a Colombia con el mundo.

Para un aficionado a los deportes, llegar hasta este punto remoto es como viajar a la fábrica de chocolates Wonka, para el niño Charlie, en la célebre película homónima. La fascinación es la misma, y no en vano: ESPN llega a medio mundo, con más de 50 plataformas multimedia entre televisión, internet, radio y video digital para todo tipo de dispositivos.

Su programación se transmite en 61 países, 5 continentes y 4 idiomas: inglés, español, portugués y francés. Y toda esa monumental operación se controla desde un complejo ubicado a mitad de camino entre Nueva York y Boston, en la ciudad de Bristol (Connecticut). (Vea la galería de fotos de la sede mundial de ESPN)

Como afirma Fernando Palomo, famoso narrador salvadoreño que ha cubierto todos los eventos posibles, “es una garantía trabajar con ESPN porque el soporte técnico y periodístico que tienes detrás de ti es difícil de imaginar en otra parte”.

Lo que no es difícil de suponer es la magnitud de este negocio al cruzar el umbral de esta ‘ciudadela’ de 4.000 habitantes (los empleados que laboran allí) y 19 edificios, interconectados por calles asfaltadas y prados milimétricamente podados, como si se tratara de un campo de golf a escala mayúscula, con bolas hechas para gigantes: diseminadas por el césped, hay esferas de un metro de altura, que semejan bolas de billar, pelotas de tenis, balones de básquet, bolas de boliche...

En la entrada de visitantes, la espera puede aliviarse con una pantalla sensible en forma de torre que presenta más de cien comerciales de su programa estrella, SportsCenter, en los que aparecen los más grandes deportistas estadounidenses de los últimos 30 años, en cortos segmentos humorísticos. Son similares a los que hoy se pueden ver en Colombia con 'el Pibe' Valderrama o Juan Pablo Montoya.

Ya adentro, todo parece un museo del deporte. Por ejemplo, la pared de un pasillo que destaca los logros de las mujeres en este campo. Allí están hitos como la lucha de la tenista Billie Jean King por el reconocimiento a las deportistas homosexuales, el recuerdo de la primera golfista (Annika Sörenstaam) que compitió en un torneo masculino, o la foto de la atleta Kathrine Switzer, empujada por los jueces de la Maratón de Boston, que en 1967 impedían la participación de mujeres. Como final lógico de esta parte del recorrido, el guía se vanagloria de un futbolín en el que los jugadores de madera no son hombres, sino mujeres. “¡Es el único en el mundo!”, asegura.

A la par con las imágenes de los momentos más emotivos del deporte mundial están las de sus transmisiones. A la vuelta de una esquina, alumbra el logotipo original de ESPN, con la sigla de Entertainment and Sports Programming Network (algo así como Red de programación de entretenimiento y deportes), muy de los años 70, junto a una foto de los orígenes humildes de la cadena.

La semana pasada, al tiempo con el comienzo de la temporada del fútbol americano, ESPN celebró sus primeros 35 años. Muchos partidos han transcurrido desde el 7 de septiembre de 1979, cuando el comentarista Bill Rasmussen y el vendedor de seguros Ed Eagan lanzaron la señal en la incipiente televisión por satélite. Su idea inicial fue transmitir juegos de equipos locales: los Balleneros de Hartford (hockey), los Medias Rojas de Bristol (béisbol) y la Univesidad de Connecticut (fútbol americano). Todos, equipos de menor nivel que no figuraban en las grandes cadenas abiertas.

Pero cuando vieron las posibilidades del negocio, replantearon el espectro y se lanzaron a hacer un canal nacional de deportes 24 horas, por señal satelital. Para no tener problemas con la transmisión, compraron el terreno que hoy ocupa su sede, con montañas que bloquean las interferencias desde Boston y Nueva York, y, sobre todo barato, pues era un suelo cenagoso que había sido utilizado como vertedero de basura.

Pasos de gigante
Hoy, es una imponente construcción de 88 mi metros cuadrados, en la que cabrían diez canchas de fútbol, más otros 37 mil metros arrendados muy cerca de allí. Aparte de un sinnúmero de sets de TV, cabinas de radio, salas de redacción y de fotografía, la sede cuenta con gimnasio para los empleados, cafeterías con máquinas de comidas y bebidas gratuitas, y salas de reuniones en cada edificio.

El más nuevo de ellos es llamado Centro Digital, cuenta con cinco estudios y toda su estructura está cableada con fibra óptica, metro a metro, de manera que si se dispusieran los cables del edificio uno tras otro, cubrirían la distancia entre Bogotá y Lima (Perú).

No es casual la inversión en los temas digitales, pues ese es el nuevo campo de juego de la televisión deportiva. Según un reciente reporte del Wall Street Journal, las aplicaciones para ver transmisiones por internet son la nueva apuesta de ESPN, pues el número de televidentes parece haber alcanzado ya su techo.

Según cifras de la propia cadena citadas por el Journal, entre septiembre de 2011 y el mismo mes de 2013, los canales de ESPN perdieron cerca de 1,5 millones de suscriptores. La tendencia es inversa en América Latina, pues el número de suscriptores de televisión paga se triplicó en los últimos seis años.

Pero lo relevante es que la mitad de estos suscriptores acceden a servicios de internet (22 millones en la plataforma digital ESPN Play, de los 44 millones de usuarios de ESPN en el continente, según el mismo diario). Por ahora, no generan mayores ingresos, pues la publicidad en sus plataformas online es relativamente precaria, pero la posibilidad de ver un evento deportivo en una tableta o en un celular es un incentivo para mantener la suscripción a la televisión paga, ya que solo se puede acceder con la clave que da el proveedor de ese servicio.

Por ahora, la combinación de medios parece dar resultado, pues uno de los gráficos que pueden verse a la entrada de la sede de Bristol indica que, sumando los televidentes, radioescuchas, lectores (unos 14 millones de personas compran las revistas de la marca) y usuarios de internet, 113 millones de personas consumen algún medio de ESPN en el mundo, cada semana.

Humor deportivo
En el Centro Digital se construyó la más reciente joya, un estudio desde el que se transmiten los programas sobre fútbol americano, un monumental salón rebosante de tecnología, del tamaño de media cancha profesional de balompié, iluminado con cerca de mil luces de televisión.

EL TIEMPO pudo visitar en exclusiva este estudio, antes de su lanzamiento el 7 de septiembre pasado, cuando todavía faltaban detalles para acondicionar los seis sets que se pueden tener en simultánea en el mismo espacio. Las paredes ya estaban completamente cubiertas de pantallas led, incluso hasta en el piso, sincronizadas para simular de manera digital cualquier superficie gigante.

Algo muy llamativo de todos los escenarios es que al lado del set siempre hay varias filas de computadores para que expertos contratados por la cadena esculquen en las bases de datos la cifra estadística del momento y la publiquen de inmediato, de manera que los presentadores puedan utilizarla en directo: el número de imparables del bateador o los minutos que ha jugado un basquetbolista en los últimos años, por ejemplo.

Con similar despliegue tecnológico, también hay otros estudios repartidos por el mundo, como el de Buenos Aires, donde se origina mucho del contenido que se puede ver en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Uruguay, Paraguay y Venezuela.

O el de Los Ángeles, en el que se graba un programa semanal de boxeo que cuenta entre sus comentaristas con Julio César Chávez, considerado hace tres décadas como el mejor boxeador del mundo.

No es el único campeón en el vecindario. A las transmisiones de baloncesto se suelen sumar Shaquille O’Neal, Magic Johnson y Charles Barkley. En las del reciente US Open de tenis, estuvieron John y Patrick McEnroe. Y para comentar el fútbol en español, en Bristol está Mario Alberto Kempes, goleador del Mundial Argentina 78.

El ‘matador’ Kempes aceptó ser parte del tour por las instalaciones y al ser indagado sobre la actuación de James Rodríguez, también goleador de un Mundial de fútbol, sacó a relucir su humor argentino: “No podemos compararnos... yo fui campeón del mundo, metí dos goles en la final... ¡No es lo mismo!”.

Su chiste parece resumir dos premisas en la filosofía ESPN: el sentido del humor (en el pasado, comediantes como Will Ferrell, Billy Crystal y Ken Jeong han sido anfitriones de SportsCenter) y la convicción de creerse los mejores en lo que hacen.

Por:  JULIO CÉSAR GUZMÁN 
1:59 a.m.
19 de septiembre de 2014