El problema psicológico de Leo Messi

publicado a la‎(s)‎ 12 nov. 2013 6:36 por Carlos Perez   [ actualizado el 12 nov. 2013 7:18 ]
El problema psicológico de Messi

Foto: EFE


   Leo Messi se ha lesionado. El 2013 ya es pasado para él. Hasta 2014 no volverá a los terrenos de juego después de romperse el bíceps femoral de su pierna derecha. Un problema físico que, en realidad, viene lastrado por un problema psicológico. El problema psicológico de Leo Messi.

Un problema que arrastra desde hace tiempo y que, en parte, es también su virtud. La competitividad que ha mostrado el argentino en los últimos cinco años ha sido gigantesca. Leo lo quiere jugar todo y quiere hacerlo siempre al máximo nivel. No entiende de descansos. Ni de pausas. Tampoco de derrotas. Lo suyo es ganar, aunque sea en amistosos benéficos.

Esa autoexigencia le ha colocado al borde de la obsesión por conseguir estar al nivel de tiempos pretéritos, cuando era el jugador decisivo que deslumbraba al mundo y le hacía ganar balones de oro con facilidad incontestable. Un periodo dorado que duró hasta que sus músculos le dijeron "basta" en el Parque de los Príncipes de París.

Ahí Messi sufrió su primera lesión seria en este 2013 para olvidar. Se rompió frente al París Saint-Germain y tuvo que parar. Regresó sólo 15 días después, en el partido de vuelta de cuartos de final de la Champions. Jugó sólo un cuarto de hora, pero le fue suficiente para resolver él solo la eliminatoria.

Llegó, vio, asistió a Pedro y se volvió a marchar al banquillo. Había forzado y le había salido bien. Messi creyó encontrar la fórmula de la imbatibilidad. Ni las lesiones podían tumbarle. O al menos eso creía él.
La depresión post-Alemania

Frente al Bayern de Múnich jugó después de una exhibición en Bilbao. Su teoría parecía ratificarse, pero al contrario de lo que 'La Pulga' creía, en el Allianz Arena llegó la catástrofe y con ella, la depresión. Messi deambuló por el césped bávaro viendo como jugadores vestidos de rojo pasaban por encima a su Barça sin que él pudiera hacer nada para evitarlo. Le entró al ansiedad.

Ansiedad por no poder ayudar a los suyos y no poderse ayudar a sí mismo. Ansiedad por no ser Messi, sino un común jugador más. Y de ahí a la desesperación sólo había un paso.

Messi ya no jugaría apenas más en lo que quedaba de año. Se marchó de vacaciones, pero lo hizo con el gesto torcido. Primero, porque no había cerrado la temporada como a él le gustaba. Además, encontró problemas para Hacienda y, de paso, el club le había fichado competencia directa. Neymar iba a ser otro obstáculo para mantener su trono dorado. Más nervios. Más exigencia. Más presión.

Y entonces Messi se rompió en pretemporada y todo se convirtió en un bucle continuo. Jamás regresó como en tiempos anteriores. Jamás. Una tras otras, sus repariciones siempre venían cargadas de miedos que el propio Messi se infundía a sí mismo.

Tenía pánico a romperse, pero casi más pánico tenía a no ser el de antes. Y claro, eso le ha llevado a forzar y hundirse más todavía. Eran sus propias arenas movedizas. Un bucle de ansiedad desatada que Martino no ha sabido parar con descanso o reparto de minutos. De hecho, el entrenador no le ha hecho ningún favor a su pupilo al ponerlo sobre el terreno de juego día sí, día también. Más al contrario.

El domingo, ante el Betis, Messi, quien parecía algo mejorado tras hacer un doblete al Milan, se rompió de nuevo, pero ahora con una diferencia. Desde dentro del club y del cuerpo técnico alguien le ha aconsejado parar. Quizá sus compañeros, como dejó entrever Cesc nada más acabar el partido al recomendarle descanso como había hecho él en el Arsenal.

Y es que el estrés es mal asunto para las dolencias musculares. Que se lo pregunten aIllarramendi o a Bale. Ellos son también ejemplos a seguir.

Ahora Leo tiene por delante casi dos meses y unas vacaciones en argentina incluidas para frenar su escalada de nervios y ponerse a tope. En el Camp Nou saben que el crack necesita no tanto recuperación física como mental y anímica.

Si en la cabeza del 10 todo vuelve a ser como antes, quizá vuelva a rendir como antes, pero si su autodestructiva exigencia sigue erosionando su ánimo, quizá no volvamos a ver a Messi esta temporada. No al menos al Messi que conocemos.

Por: EFE

12/11/2013
Comments