El objetivo número uno de España: encontrar líderes de vestuario

publicado a la‎(s)‎ 10 oct. 2014 21:44 por Carlos Perez   [ actualizado el 10 oct. 2014 21:48 ]
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Los jugadores españoles, al llegar a Luxemburgo. Imagen: EFE.



El día después de una de las derrotas más sonrojantes de la 'era Del Bosque', la cosechada con Eslovaquia, la selección española escenifica públicamente una realidad interna de su vestuario, la falta de líderes, al sacar a dar la cara a Paco Alcácer, nuevo en el ruedo, y a César Azpilicueta, que no jugó.



España vive una época de cambio en la que necesita futbolistas que asuman un liderazgo vacante en el vestuario por la retirada de emblemas de la Roja.

Primero fue Carles Puyol el que se vio obligado a dejarlo por las continuas lesiones, y luego la falta de jugadores de peso se ha extendido por la decisión de Xavi Hernández, Xabi Alonso y David Villa de cerrar el capítulo de la selección o por la ausencia de las listas de Fernando Torres. Todos ellos jugadores de gran personalidad que tenían mucha importancia en la unión y la toma de decisiones del grupo.

Esto, sumado a la inesperada ausencia por lesión del verdadero líder actual, Sergio Ramos, deja una situación en la que alguno debe dar un paso adelante en plena transición. No lo hará Iker Casillas, un capitán diferente que comparte responsabilidades la mayor parte de las ocasiones con varios compañeros, ahora acuciado por las críticas y hastiado.

De nuevo en el abismo por un grave error en la falta que propició el primer tanto de Eslovaquia, sus 158 partidos deberían obligarle a dar un paso al frente hoy, pero posiblemente será mañana cuando comparezca públicamente, en vísperas del partido ante Luxemburgo.
Una responsabilidad invisible

Así las cosas, del grupo de jugadores que forman la nueva selección española hay una segunda línea que pasa a tener responsabilidad de capitán sin aún sentirla y que tienen personalidades que no encajan en el papel. El segundo de a bordo es Andrés Iniesta, con 101 partidos. Admirado por todos sus compañeros pero tímido e introvertido para ese rol, en el campo su liderazgo sí es natural.

Con Cesc Fábregas, 94 internacionalidades, el papel pega más, pero debe ser Vicente del Bosque el que le entregue galones. Lo hace paso a paso intentando dar regularidad a una relación instalada en una montaña rusa.

Cesc no entendió cómo tras ser pieza clave como falso nueve en la conquista de la Eurocopa 2012, pasó a un papel secundario en el Mundial de Brasil. Acabó cometiendo un error en un entrenamiento, reprendido públicamente por el seleccionador, al que no se le cayeron los anillos cuando, tras dejar pasar un tiempo, cogió un vuelo a Londres y se sentó a comer con él y Diego Costa para conocer sus intenciones de futuro. Ninguno dudó sobre seguir en la Roja, comprometidos con la nueva etapa que se inicia.

Ya más alejados en números de partidos y en responsabilidades están David Silva, 86 encuentros y sin la personalidad de llevar la voz de mando en un vestuario, y Gerard Piqué, 62 internacionalidades, que sí encaja en el perfil si se alejase de las excentricidades que han marcado sus últimos capítulos como internacional. Su fin de Mundial, tras ser mandando al banquillo por su bajo rendimiento en entrenamientos y partidos, tomando el sol de Curitiba en el último e ingrato encuentro ante Australia, debe borrarlo de la memoria de todos recuperando buenas actuaciones.

La papeleta recae en Del Bosque, que cuando se agarró al cargo y no dimitió tras el fracaso en el Mundial ya sabía que el inicio del cambio no sería una tarea sencilla. El seleccionador debe entregar galones y que estos respondan. De momento no lo hacen. Horas después de una derrota en una fase de clasificación que hacía ocho años que no se producía, darán la cara Alcácer, con tres internacionalidades a sus espaldas, y Azpilicueta, con nueve, que sufrió desde el banquillo la derrota de Zilina.


EFE
11/10/2014