El efecto Pékerman según El Clarín

publicado a la‎(s)‎ 24 oct. 2013 0:06 por Carlos Perez
El efecto Pékerman según El Clarín. La figura de Pékerman ha sido motivo de orgullo de los colombianos, al punto de que el propio presidente Santos le ha ofrecido la nacionalización.

Foto: SEMANA


    En un artículo titulado “Colombia, el equipo de José”, Waldemar Iglesias del diario El Clarín hace una radiografía del papel de Pékerman como conductor del paso de Colombia a un mundial después de 16 años.

Hace un recorrido desde sus días de taxista en la dictadura h

asta el momento en que fue designado para remplazar al entonces entrenador nacional Leonel Álvarez, “aquel melenudo mediocampista del Cinco a Cero en el Monumental”.


Acto seguido cuenta cómo se rodeó de un grupo de personas que ya habían trabajado con él, incluido Gabriel Wainer, un colaborador del seleccionado argentino desde la era de Marcelo Bielsa. Y exalta la virtud de José para potenciar las cualidades de los jugadores convocados, hacerlos infaltables y alinearlos con base a una idea de juego “que también encaja en Colombia”.


Y remata: “Los invitó a todos a creer. Y en eso andan”. A continuación el texto completo:


"La última dictadura de la Argentina lo encontró arriba de un taxi. Era un Renault 12 que nada tenía de lujoso, pero mucho de la prolijidad de su conductor. Aquel muchacho que se había vestido de rojo bajo el cielo de La Paternal, que jugaba de ocho, se ganaba la vida con el volante en la mano. Pero el sueño seguía latiendo ahí, con él, en él. José Pekerman ya empezaba a trabajar en las inferiores de Argentinos. Mientras trasladaba gente, imaginaba equipos, mensajes, jugadores, palabras para ofrecer y motivar. Su cara no la conocía casi nadie por fuera de su familia o por fuera de Ibicuí, ese rincón de Entre Ríos en el que recorrió sus días de crianza. En esos tiempos lejanos, vendía helados en nombre de mejorar la economía familiar.


El de ahora, victorioso superhéroe, cuentan que es el mismo José. Es también el que abraza a Colombia como si hubiera nacido en Bogotá, en Cali, en Medellín o en el territorio mágico de Macondo. El hombre grita goles que llevan al Mundial. Se queda disfónico por compartir un alarido feliz con Radamel Falcao García. Se agrupa con sus jugadores y con su cuerpo técnico en una suerte de montonera que retrata el momento perfecto: por primera vez en la historia, en julio, Colombia se subió al podio del ránking de la FIFA. Ahora, también por primera vez, y tras su paso estupendo por las Eliminatorias, será cabeza de serie en una Copa del Mundo. Todo, de la mano de Pekerman, ese conductor capaz de construir milagros.


Alguna vez, en ocasión del Mundial de 2006, Pekerman le contó al diarioEl País, de Madrid: "Mi abuelo siempre me contaba que su padre tenía un hermano y que uno se fue a Argentina y el otro, a Estados Unidos. Y que uno de sus sobrinos estadounidenses era el actor Gregory Pekerman, conocido como Gregory Peck".


El actor, ganador del Oscar en 1962 por su protagónico en la película To Kill a Mockingbird, tal vez haya sido otro inspirador para este técnico que ahora el mundo del fútbol observa como una celebridad capaz de transformar escenarios: con él, Colombia pasó -por arte de su capacidad- de las dudas repetidas a la certeza agradable de una cómoda clasificación al Mundial del año que viene. En algo se parecen Gregory y José: cuando hablan, convencen.


"Esto es de todos. Cuando ganamos. Y también si nos toca perder. No es cuestión de nombres. Somos un equipo. Once, dieciocho, veinticinco. Todos". Palabras más, palabras menos, Pekerman se comunicó así a un conjunto de individualidades que a su mando se transformó en un plantel, en un grupo capaz de plantarse en el territorio de la elite. A sus jugadores los hizo sentir como los mejores. O, al menos, a la altura de ellos. El admirador de Sívori, de Moreno y de Maschio convenció a sus convocados de que en la historia grande hay un lugar para ellos. Y de que Brasil los espera para corroborarlo.


Pekerman nunca imaginó que en Colombia estaba -quizá- su lugar en el mundo. O uno de ellos. Pero creyó y allá fue. Hace unos días, el presidente Juan Manuel Santos le ofreció elogios en un diálogo personal que los medios locales dieron a conocer más tarde: "Estamos todos muy contentos, muy orgullosos. Le envío muchas felicitaciones. Esos 30 puntos históricos, eso nunca lo habíamos logrado y eso es gracias a usted Profe". Sonríe José, por las calles colombianas que está descubriendo. Su cara y sus canas ya no son un misterio para nadie en esta orilla del Mar Caribe. Pekerman es para todos uno más en la cuestión cotidiana: ese entrenador colombiano que nació en algún rincón argentino. Alguien propio.


Armó el plantel sin cerrarle las puertas a nadie. Reemplazó a un histórico del fútbol colombiano, Leonel Alvarez, aquel melenudo mediocampista del Cinco a Cero en el Monumental. No le pesó la historia. El estreno por los puntos fue en junio del año pasado, en Lima, ante Perú. Y sucedió una victoria: 1-0 con gol de James Rodríguez. Lo que continuó fue un recorrido impecable con un 2013 casi perfecto. Al cabo, finalizó segundo en las Eliminatorias, con la cifra récord de 30 puntos y con el arco menos vencido (recibió 13 tantos en 16 encuentros).


Consiguió, incluso al margen de los resultados, algo relevante: armarun equipo y un plantel que se puede recitar de memoria. Sabe de la importancia de un grupo sano. Se rodeó en su cuerpo técnico de gente que conocía de sus trabajos anteriores, como el profesor Eduardo Urtasún, el ayudante de campo Néstor Lorenzo y Gabriel Wainer, colaborador del seleccionado argentino desde los tiempos de Marcelo Bielsa. Sumó a Patricio Camps como asistente y al colombiano Eduardo Niño como entrenador de arqueros.


También en nombre de esa búsqueda de calma interna ofreció espejos para los más jóvenes: a los 37 años, Mario Yepes sigue siendo el capitán, y a los 42, Faryd Mondragón no falta en ninguna convocatoria. No estigmatizó a Teófilo Gutiérrez por sus antecedentes de muchacho bravo. Lo valoró por su talento. Y el delantero de River no le falló: pagó la confianza con seis goles en 11 partidos, en los que apenas recibió una amonestación.


Y en su recorrido de logros y de aciertos continuó Pekerman. Potenció al implacable Tigre Radamel Falcao García. El atacante del Monaco se subió al podio de los goleadores de las Eliminatorias sudamericanas, con 9 tantos, sólo detrás de Luis Suárez y de Lionel Messi. Hizo infaltables en cada citación a varios participantes de las grandes ligas: James Rodríguez (Monaco), Juan Cuadrado (Fiorentina), Freddy Guarín (Inter), Pablo Armero y Camilo Zúñiga (ambos del Nápoli). Confió en la experiencia de Luis Amaranto Perea, el subcapitán, de 34 años.


Fue firme en las decisiones, pero siempre ajeno a la grandilocuencia. Reclamó seriedad en la victoria y prudencia en la derrota. Brindó una idea de juego, la que su historia de entrenador-docente cuenta y que también encaja en Colombia. Los invitó a todos a creer. Y en eso andan".


Por: Revista semana
24/10/2013
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