Cañellas mete a España en la semifinal

publicado a la‎(s)‎ 28 ene. 2015 13:42 por Eliana Caterine Alvarado




Apretones de manos, abrazos, puños chocando para transmitir energía. Todo era poco para animar los cuerpos y calentar las manos. España volvía a medirse con Dinamarca en su séptimo choque desde 2009. Solo una vez, la de la final del Mundial de 2013, la selección había levantado los dedos mostrando una V. En las demás, eliminatorias hacia un éxito que nunca llegó, fueron para los daneses. Pesaban mucho esas losas, esas cinco derrotas, esos cinco puertas cerradas a hipotéticos éxitos.

Las levantó Raúl Entrerríos con el primer gol y las sostuvo Pérez de Vargas con dos paradas consecutivas de inicio. Los vuelos de Valero Rivera desde el extremo y los blocajes de la defensa elevaron los ánimos cuando Dinamarca puso a Landin a dirigir el concierto. Maqueda se encontró con su mano en dos ocasiones, también Rivera, pero España no se desesperó, y encontró a Cañellas, buque insignia de esta selección de amigos, comprometidos con una camiseta a la que le han pegado ya dos estrellas en el pecho.

Tantas veces enfrentados, apenas hubo resquicios para la sorpresa. De tantas veces enfrentados, las defensas se plagiaban los movimientos. De tantas veces enfrentados, el marcador se mantuvo en una igualdad constante durante la primera mitad con 11 al descanso.

Al regreso, a cada parada de Landin le respondió Pérez de Vargas como un espejo. Pero Dinamarca aprovechó la exclusión de Cañellas para ponerse con dos goles de diferencia en los primeros cinco minutos. Y la mano de Hansen se contagió de la energía de Eggert para convertirse en una ametralladora. Antonio García y los penaltis convertidos por Rivera funcionaron como antídoto.

Los daneses mostraron su bloque impenetrable, al que respondieron Morros, Guardiola y Pérez de Vargas. En el banquillo, los cuchicheos entre Cañellas, Aginagalde y Entrerríos presagiaban nuevos ataques; los ejercicios de Rivera, nuevos goles; las instrucciones de Cadenas, nuevos ánimos. España lideró entonces el marcador, de uno, de dos, muy justo para las expectativas, suficiente para alimentar los egos y levantar a los aficionados españoles, que se hicieron con el pabellón.

Dos detalles permitieron a Dinamarca levantar la voz. Dos robos de balón que convirtió Lindberg a la contra y meter la presión del gol para empatar. En el centro de la defensa Viran Morros se desgañitaba con sus compañeros, miraba al marcador y pedía ánimos, solicitaba fuerza, demandaba una chispa de suerte que decantara el partido a favor. Tomás se encargó de Hansen en los últimos minutos, de no dejarle pasar, ni recibir ni respirar.

Y en un último minuto en el que nadie respiró, el marcador no se decantaba. A falta de cuatro segundos tuvo que ser Cañellas, quién sino, el que dictara sentencia. España convierte el Lusail en el Palau Sant Jordi y alcanza las semifinales donde ya espera Francia.

LAURA MARTALAURA_ELLIOT
ENVIADA ESPECIAL A DOHA (QATAR)
Día 28/01/2015
20.42h


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