BRASILIA SE CONVIRTIÓ EN LA CAPITAL COLOMBIANA

publicado a la‎(s)‎ 23 jun. 2014 11:21 por Carlos Perez   [ actualizado el 23 jun. 2014 11:22 ]
Brasilia


Centenares de colombianos amanecieron en parques y zonas verdes después del largo festejo.


MILES DE HINCHAS COLOMBIANOS CELEBRARON LA CLASIFICACIÓN A OCTAVOS HASTA LA MADRUGADA.


Una ciudad de 2,5 millones de habitantes y 40.000 colombianos. Esa es la nueva composición de Brasilia. “Hoy parece que hay más colombianos que personas aquí”, dice, impresionado, un taxista que está feliz con la invasión de camisetas amarillas en su ciudad.

Es así, tal cual. Después de la victoria ante Costa de Marfil la capital brasileña se vio más concurrida que en un día de fiesta nacional. Los colombianos, emocionados, llenaron los restaurantes y centros comerciales –con el generoso consumo que eso implica- y fueron congregándose también en las esquinas, a las afueras de las estaciones de gasolina, allí donde hubiera una pantalla de televisión para seguir el juego Grecia-Japón, cuyo empate 0-0 terminó certificando la clasificación nacional a octavos de final. Cerveza, mucha cerveza, corrió por las calles de Brasilia mientras los rivales del grupo C, en Natal, dejaban pasar el tiempo jugando para la tricolor.

Confirmada la buena nueva, la gran parranda fue oficial. Unos llenaron la plaza aledaña a la Torre de Televisión -una estructura de 225 metros de altura que tiene un mirador espectacular-, otros, los que viajaron con niños, prefirieron restaurantes más pequeños y la gran mayoría se dirigió al Puerto Lago Sul, un hermoso embarcadero donde están varios de los mejores restaurantes de la ciudad.

¡Que comience la fiesta! Era el grito de batalla de miles de colombianos que se tomaron el lugar con sus festejos y su alegría. Estaban por todos lados: cada uno de los bares del sector tenía, al menos, 50 por ciento de clientes con acento cafetero. Gritos de ¡Colombia! ¡Colombia!, vuvuzelas y canciones de Carlos Vives se escuchaban por el malecón.

Todos los locales aquí tienen una maravillosa vista al lago, muy romántica para algunas ocasiones, muy emotiva para esta precisa celebración del fútbol. Mientras lo recorremos en el taxi, buscando un lugar con alguna mesa disponible, el locutor en la radio dice: termina el partido, clasifica Colombia. El taxista emocionado me mira y me dice: ¡ganamos Colombia! Sin importar el acento, la felicidad fue conjunta. Los abrazos, en español y portugués, se multiplicaron y se sintieron hasta bien entrada la madrugada. Y así, en medio de los monumentos de Oscar Niemeyer, la ciudad más moderna de Brasil se volvió, de repente, la capital de la alegría colombiana.

JENNY GÁMEZ

ENVIADA ESPECIAL

ADN

24/06/2014