Arévalo, a pasos gigantes

publicado a la‎(s)‎ 5 jun. 2012 6:06 por oscar diaz



FOTO:EFE
Al principio de todo, hay dos equívocos, dos imágenes, dos caricaturas.
Éider Arévalo, hoy marchista, obtiene su primera medalla. Lo hace en velocidad. Corre en Bruselas, vereda del municipio de Pitalito, en el departamento de Huila. Finaliza tercero, luego de un enorme esfuerzo, pasando a un rival en la última curva.
Arévalo era también un buen imitador. Cuando veía a sus compañeros marchar, el gesto le parecía llamativo. “Caminar con elegancia”, dice él. Los vio en un departamental. Cuando llegaron de vuelta a Pitalito le dijo a Eduar Chilito, entonces su entrenador, que sabía marchar. Chilito le ordenó que marchara 50 m y volviera. Lo hizo de memoria, por imitación. La siguiente orden fue que, con los otros marchistas, recorriera 3 k.
Chilito había descubierto al atleta, nacido en Bogotá pero criado en Pitalito, en el colegio. Al ver sus cualidades alentó una carrera en la que todo llegó demasiado rápido.
Recuerda Arévalo su primer Suramericano, en Chile, en 2007. La carrera, que marcaba su inicio en competencias internacionales, lo tenía nervioso. “Siempre iba al baño a orinar”, recuerda. “A la hora de la salida tenía miedo porque me habían dicho que los peruanos eran muy buenos”. Era un intruso: en una prueba juvenil participaba como júnior. Mantuvo el tercer, el cuarto puesto y, al final, terminó llevándose el oro e imponiendo un récord nacional.
En 2010 ganó la Copa Mundo de Marcha, en Chihuahua, México. Esta vez, la mentalidad era otra. “Llegué con la actitud de que podía ganar, de que era fuerte y que no me importaba si eran mayores o más altos”, explica. “Sabía que había entrenado para llegar a ese momento, a esa línea de salida”. Recorrió los 10 k en 42:13, superando a su rival en el último tramo.
Los éxitos de una carrera vertiginosa podrían hacerle perder el centro. En ese sentido, Arévalo decide tomar precauciones. “Mi psicólogo, Rafael Zabaraín, me pone siempre los pies en la tierra”, comenta. “Y mi madre —prosigue— me ha inculcado cosas buenas”.
Casi cuatro años atrás Arévalo dejó su municipio natal y se trasladó a Bogotá. Respaldado por Chilito, comenzó a entrenar con Fernando Rozo. Si el primero le dejó la sencillez y el respeto (deportivo y personal), el segundo, recientemente fallecido, le transmitió “la actitud por querer ser el mejor”.
Poco antes el marchista había obtenido el cupo a los Olímpicos de Londres, al imponerse en los 20 k del Campeonato Nacional de Estados Unidos y registrar una marca A (1:21:49). Ya sin Rozo, que prefería que se concentrara en su categoría, a Arévalo lo entrenan Enrique Peña y Marcelino Pastrana, los dos más interesados en que Éider vaya por más.
Han tenido razón. En rigor, porque la Federación Colombiana de Atletismo decidió elegirlos a él y a Luis Fernando López para representar al país en la marcha atlética (el otro cupo lo definirán, en el Campeonato Iberoamericano de Atletismo, Gustavo Restrepo y James Rendón). Para López, con quien competirá el próximo 4 de agosto, Arévalo sólo tiene elogios: “Él es berraquera, lucha por lo que se quiere. Y esa es la actitud que uno siempre debe tener y eso es lo que más admiro de él”.
Cierto desparpajo tiene Éider, quien sonríe con picardía y se anima a pensar que una disciplina como la marcha tiene futuro. “Hoy en día muchos niños han comenzado a marchar, ya es más conocida. Aunque a veces uno va entrenando y la gente dice cosas, porque para los otros no es normal ver eso”, explica.
Con respecto a las justas de la capital londinense, Arévalo apenas tiene como respuesta una alegre, casi inocente parquedad.
“Nada”, afirma entre risas. “Que voy a entrenar muy fuerte para esos Juegos”.


Deportes 
4 Jun 2012
9:04 pm
Por: Manuel Dueñas Peluffo
ELESPECATODDOR.COM
El atleta de 19 años representará a Colombia en la modalidad de marcha
Comments