Aeromodelismo, el arte de volar con los pies en la tierra

publicado a la‎(s)‎ 11 abr. 2013 9:23 por Porto Deportivo




FOTO:ELtiempo.com

Carlos es un colombiano que se puede dar el gusto de pilotear un avión bombardero B-17 de la Segunda Guerra Mundial. Cada vez que lo va a volar, lo primero que hace es una inspección general exterior. Revisa las alas, el control, la presión de las ruedas, los frenos; en términos generales, que nada esté suelto. Luego examina los niveles del combustible y chequea las partes eléctricas y mecánicas.
Cuando tiene luz verde para prenderlo, vuelve a examinar los instrumentos para el manejo del motor y se asegura de que "todo esté en regla antes de rodar en la pista”. Ya en el carreteo, su misión como piloto es lograr la velocidad indicada, que es exacta y única para que cada avión logre despegar. Serían unos 180 kilómetros por hora si se tratara de un bombardero real de la Segunda Guerra Mundial.
Pero para el avión de Carlos, con 40 kilómetros por hora es suficiente, porque el suyo es un modelo a escala, que él mismo construyó durante un año, a imagen y semejanza de uno real. Una vez en el aire, Carlos no le quita la mirada a su aeronave y hace piruetas desde la tierra con sus manos puestas en el radio control, buscando hacer movimientos lo más similares a los de la aeronave real. La diferencia es que Carlos está volando con los pies en la tierra.
Carlos José Forero hace parte de una generación de niños y jóvenes que durante las décadas de 1960 y 1970 empezaron a sentir pasión por fabricar aviones de balso. Fue de los que acogieron como hobby el aeromodelismo, luego de que pioneros, como Eduardo Barriga, el ex-capitán de Avianca, Gabriel Ferro y otros en ciudades como Medellín, Cali, Bucaramanga, Manizales, Barranquilla y Popayán lo impulsaron en el país en los años 50.
Desde los 8 años, y ahora a sus 52 años, se dedica a una práctica a la que hoy ya están vinculada unas 2.500 personas de todo el país (galería del deporte en regiones de Colombia), y que fue establecida como deporte por la Federación Aeronáutica Internacional (FAI), afiliada al Comité Olímpico Internacional.
“El Comité avala al aeromodelismo como deporte porque tiene carácter de competencia. Así como el ajedrez, que no es un deporte de esfuerzos físicos, este también es un deporte de habilidades que exige concentración, hacer piruetas en el aire, en donde uno no está presente y tiene que realizarlas solo visualmente. Además tiene competencias nacionales e internacionales”, afirma Arturo Zapata, director técnico nacional de aeromodelismo de la Federación Colombiana de Deportes Aéreos (Fedeaéreos).
La práctica fue catalogada como deporte en Colombia en 1999 (casi 50 años después de serlo en el mundo), cuando una serie de leyes nacionales también le dieron vida a otros deportes como el parapentismo y los vuelos de cometas.
Para entonces, Carlos ya había obtenido su título de médico anestesiólogo, al mismo tiempo que varios logros en el mundo del aeromodelismo. No sólo fue uno de los primeros colombianos que pudo asistir como observador a un Mundial de Acrobacia, que se llevó a cabo en Estados Unidos en 1983, sino que fue el primero de origen nacional que compitió en un Mundial de Aviones de Escala, llamado Top Gun. “Fue en el 95, en Florida”, cuenta.
En 1976 consiguió su primer radio control, que costaba en esa época 350 dólares, el equivalente a unos 1.000 o 1.200 dólares de hoy, que para un estudiante de bachillerato no eran fáciles de conseguir, comenta Carlos haciendo referencia a que el deporte, en esa época, era elitista.
Algo que actualmente, aclara Arturo Zapata, es muy diferente, puesto que con la entrada a la industria del aeromodelismo de los chinos, los costos han bajado considerablemente. “Hay muchos aviones para principiantes que ya vienen completamente construidos y lo único que hay que hacer es ensamblar y poner unas pequeñas partes juntas. Si se va avanzando, los costos puede ir subiendo, pero para empezar basta con unos 20 mil pesos en modelos de vuelo libre para iniciarse en el deporte”, aclara Zapata, quien fue seleccionado por la FAI para ser juez en el Mundial de Acrobacia en Aeromodelismo de este año, que se llevará a cabo en Sudáfrica.
El sueño de ser pilotos
Para Carlos, ser piloto fue un “deseo reprimido”. Por eso, cuando terminó la carrera de medicina y anestesiología, y tuvo mejores condiciones económicas, ingresó a una escuela de aviación, en la que aplicó todos sus conocimientos de química y física, aprendidos en el aeromodelismo, casi que 'por ósmosis'.
Y es que de hecho, todos los aeromodelistas deben saber lo mismo que un piloto, aunque no estén en la cabina de un avión de verdad: deben cumplir con normas específicas que son también parte de la aeronáutica colombiana y que buscan, ante todo, la seguridad no solo de los aeromodelistas y de quienes los rodean, sino de los mismos pasajeros de un avión real; normas estrictas para evitar la accidentalidad.
“Los accidentes más frecuentes son daños en los aviones durante el aterrizaje”, cuenta Zapata. Son algo inevitable en la práctica.
Por eso, los nuevos deportistas intentan aprender de sus tutores los trucos para ser los mejores, no chocar sus aeroplanos y destacar a Colombia en el deporte, en un futuro cercano. Es el caso de Nicolás Martínez Paz y David Ospina, que a pesar de contar con apenas 10 y 11 años, respectivamente, se apasionaron por el deporte gracias al ejemplo de sus padres.
Las proyecciones de Colombia
En las manos de nuevas generaciones, como David y Nicolás, y en los conocimientos de conocedores del aeromodelismo colombiano, como Carlos y Arturo, está el futuro de este deporte, por el que se está trabajando para llegar a ser líderes de la región, explica Zapata.
Pero aún falta mucho apoyo para la práctica del mismo y para la representación del país en el exterior. En 1999 los primeros en ir a competir por Colombia al Mundial fueron Armando Lega, Andrés Prieto y Carlos Forero, quienes asistieron y asumieron los gastos de transporte, hospedaje, inscripción, transporte e importación y exportación de los aviones por su propia cuenta.
“En algunas ocasiones el Gobierno nos ha ayudado por medio de Coldeportes, pero enviar una delegación a competir en otro país es muy costoso y es necesario compartir gastos con el piloto participante”, dice Zapata.
Así que lo que se ha buscado es lograr más apoyo y hacer una competencia en Colombia de carácter internacional, para crear un evento continental apoyado por la FAI. Eso, según Zapata, se está haciendo desde el 2008, cuando se creó un campeonato que inicialmente buscó integrar a Venezuela, Ecuador y Colombia por medio de este deporte.
Pero este encuentro que se hace cada dos años en territorio colombiano ha ido creciendo y ya han venido argentinos, brasileros, peruanos, norteamericanos, canadienses, españoles y de otros países al certamen. “Lo que queremos es seguir impulsando este evento en Suramérica y en el mundo para que se vuelva más internacional y poder tener en Colombia la sede de un mundial”, dice Zapata.
La meta es pisarle los talones a Argentina, líder en el aeromodelismo en la región. Mientras tanto, deportistas como Carlos, Nicolás, David y los más de 2.500 aficionados al deporte, siguen haciendo del aeromodelismo una práctica en la que también buscan destacarse, bien sea en el país o en el exterior.



Por: ROCÍO HURTADO A.
8:02 p.m.
10 de Abril del 2013
Comments